Los padres de Ernesto Reiner Muller, alemanes, se asentaron en España en 1929; tres años después nació él. En 1945 adoptó la nacionalidad española. Ya desde niño le gustó dibujar: solo que entonces dibujaba los paisajes que encontraba descritos en los libros que leía. Esta afición temprana, unida a su amor por la arquitectura popular, le ha permitido ofrecernos unos dibujos donde destaca la perfección de la perspectiva y el realismo de fachadas y detalles. Todo ello unido a un gran cariño por lo dibujado.
Su primer contacto con el paisaje riojano tuvo lugar con 13 años y quedó cautivado por sus formas y su color. Fue llegando desde Miranda de Ebro, y sigue recordando aún de aquel día, además de la vista de Cellorigo y el enorme espacio que se extendía a lo largo del Ebro,las oscuras hendiduras que se abrían al Sur en la cordillera creando valles
Siempre le ha gustado caminar por el campo asombrándose por los paisajes que, como caminante, el camino le ofrecía. Y, hacia 1981, comenzó a llevar en sus caminatas un cuaderno que, a partir de entonces, fue el amigo inseparable que nos ha permitido montar esta exposición.
Porque el cuaderno llegó al Camero Viejo con su portador. Así llegué al valle del Leza, estudié un poco su geografía y su historia, llegándome el deseo de recorrerlo l más posible conociendo sus paisajes. Y me encontré con el Camero Viejo.
Caminé por allí aunque paisajes dibujé pocos, me atraían más las construcciones de arquitectura popular que contenían tanto las localidades como la de los chozos, ermitas y corrales que encontraba aislados en las laderas de los montes.
Los encuentros con las construcciones aisladas avivaban mi imaginación, me preguntaba quiénes eran las personas que las habían construido, cómo vestían, de qué hablaban, qué comían y en especial el porqué lo construido se había realizado allí y no en otro cercano lugar.
Y así tenemos lo que hoy presentamos: unos dibujos llenos de detalle, minuciosos; que reflejan la vida que se escondía -tras esas paredes de piedra, madera y adobe- en corrales y tenadas, en iglesias grandes y en pequeñas ermitas, en fuentes y puentes, tras ventanas entornadas o puertas entreabiertas; y también los lugares donde esa vida fluía: ríos y barrancos, valles y cumbres, lagunas, caminos o choperas.
Es el Camero Viejo de Ernesto Reiner Muller. Te invitamos a visitarlo.