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Dibujos de Ernesto Reiner: www.reiner.org

             




Para esta sección contamos con un invitado de lujo: Ernesto Reiner . Sus dibujos sobre casas y corrales, ermitas y fuentes, poblados y despoblados son conocidos en toda La Rioja. Nadie como él ha sabido captar el esfuerzo y la sabiduría -la vida- que hay escondidos detrás de cada una de las paredes de piedra de nuestros pueblos, y que han hecho falta para levantarlas y para mantenerlas en pie. Le agradecemos públicamente su autorización para poder incluir en este apartado algunos de los dibujos que ha hecho sobre Soto.



Piedra, madera, adobe. Y yeso. En ese orden. Éste procedía de las yeseras de Leza, a siete kilómetros; el resto de materiales estaba cerca. Y casi no hacía falta más. Bueno, las tejas, pero hubo una tejera; de ella nos queda un término ("Barranco de la tejera") y los restos del edificio en Valcárcel.

Mampostería de piedra , aunque en las esquinas de los edificios solían ponerse piedras sillares o sillarejo. Son gruesas paredes que, dependiendo del tipo de casa, subían hasta la primera, segunda, tercera planta... Porque por plantas, las casas de Soto no se quedan cortas: tres, cuatro, cinco..., hasta siete alturas podemos encontrar.

Eso necesitaba una buena armazón de madera: pies; soleras y cuartones; sopandas y zancas o tornapuntas; tijeras, corvos y cabrios; en unos casos machihembrados y en otros clavados con fuertes clavos o con puntas en encabriar.

Y también el adobe. Los adobes se hacían en lugares soleados para que secasen bien. Se mezclaba tierra arcillosa con paja, se rellenaba el molde (para dos o tres piezas), se sacaba y a secar. A veces para que los paños de adobe quedasen bien fijados a las maderas del entramado, se rodeaban éstas con fuertes cuerdas de esparto. También los clavos servían de sujección.

El yeso unía los adobes entre sí y a la madera y recubre las fachadas incluyendo el maderamen. Sólo en los últimos años se está dejando a la vista el entramado de madera en algunas fachadas.

Lo dicho vale para las casas; quedan luego otros edificios públicos o privados: puentes y fuentes; iglesia y ermitas; corrales y corralizas; eras y pajares; neveras... Una gran variedad. Pero si algo es común a todos ellos, es la hermosa piedra caliza de esta sierra.




             
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Desde el Plano de Trevijano

1027 metros sobre el nivel del mar en el Plano frente a los 713 que hay en la Plaza. De ahí el picado del dibujo. De las "piedras, madera y adobe" que da título a esta sección aquí sólo vemos las piedras sin trabajar; mejor dicho, lo que vemos es la piedra trabajada, y mucho, por el tiempo. Se trata del comienzo del Cañón del Leza.

Son paredes verticales que encajonan el lecho del río. El el centro del dibujo, la Cárcara, meandro que guarda la espalda norte del pueblo. Antiguamente era el lugar al que se arrojaban, desde las eras que se ven arriba, los animales que morían y, por ello, sitio visitado por la colonia de buitres que anida más abajo. Estampa típica de estos días de "festín" era la del buitre que, con con grandes dificultades, iba buscando una piedra que le proporcionase un poco de altura para elevar el vuelo: el buche lleno y, sobre todo, la envergadura de sus alas suponían un problema al final de la fiesta.

A la derecha, las rocas que bordean la carretera desde Puentenuevo. En este caso, su verticalidad fue producida por los barrenos cuando el el s. XIX se decidió cambiar el trazado de la carretera vieja, que quedó más abajo y que ha sido recuperada como paseo. A la izquierda el cañón en su zona más abrupta.

Escondido en el fondo del valle, Soto. Las eras, colocadas estratégicamente en el cordal para recoger el cierzo que sube valle arriba en las tardes de verano; las casas, recostadas en la colina al abrigo de los vientos del norte; y, serpenteante, el valle del Leza que, dejado el cañón, se abre un poco aguas arriba.

             
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Refugio

Parece un refugio de pastores, pero no está en zona de pastos y los rebaños no irían por ahí muy a menudo. Tal vez, al estar cerca del camino a Logroño, haya abrigado a viajeros en momentos de necesidad.

Lo que cuentan los mayores es que se trata del polvorín de la cantera que allí había. En principio se extraía piedra, pero poca y en plan artesanal; luego quisieron explotarla de una forma más intensa y para guardar los explosivos levantaron esta deliciosa construcción en piedra que aprovecha como techo el saliente de la roca. Aunque ahora no tiene puerta, la tuvo, claro está. Se dice que de esta cantera salieron los escalones de Portales y las escaleras que había en el altar mayor de la iglesia antes de su restauración.

La verdad es que una construcción tan especial como ésta merece la pena que perdure. Está situada encima de la carretera una vez pasada Peñalacalzada. Lo que en el dibujo se ve al fondo es el Torrejón y, más lejos, las traseras de la ermita.

             
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El molino

Tal vez no haya en Soto rincón que haya sido más veces pintado, dibujado o fotografiado. Por cierto, si no lo han cambiado, la imagen que abre el vídeo didáctico que puede verse en el molino de San Román es la de esta construcción.

Agua, peñasco y pared. Era "el molino" y el pozo del mismo nombre. En la oscuridad del cárcavo se adivinan el árbol y el rodete de la máquina. En 1982, cuando se pintó este cuadro, estaba ya en silencio. Pero cuando el molino echaba a andar, el agua saltaba desde los álabes hasta el pozo y nacía la "cubada", que, intermitentemente, hacía doblar el caudal del río. De ahí viene el soteño dicho de hacer las cosas "a cubadas".

Tras el otro arco que se adivina a la izquierda estaban las tuberías de la turbina de la Electra María. Fue un añadido a la primera construcción. Ambos desagües estaban protegidos por sendos muros de piedra para evitar los daños que las crecidas del río producían en la maquinaria. Encima del molino estaba la casa con horno volandero incorporado; durante un tiempo también fue panadería.

Por cierto, la piedra que aparece a la entrada, ¿estaba desgastada ya o recién traída de Treviño en espera de ser montada?

Información sobre piedras de molino, álabes, rodete, árbol y cárcavo puedes verla en la Sala III del ecomuseo.

             
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Casa del pintor

Respetamos para esta estampa el título que al dibujo le puso el autor; sus razones tuvo. Dos tipos de puertas en las casas, siempre de madera: de hoja entera o partida en dos; en este caso, la mitad inferior permanecía cerrada mientras que la superior -salvo por la noche- estaba abierta. Y como en la mayoría de las casas de Soto, una puerta a la calle de abajo, puerta que da a las cuadras, y otra -que lleva a la cocina- en la calle de arriba.

Tres calles a distintos niveles trepando por la ladera sobre la que se recuesta la parte más antigua del pueblo. El terrero que se ve bajo la calle Mayor o "Ymperial" pertenece a una de los edificios que se cayeron en septiembre de 1948. Para salvar el desnivel, paredes de piedra caliza; y cantos de piedra caliza también para el empedrado de las calles. En la central pueden verse cinco paños separados por los cancillos que formaban una suave escalera. Detenían muchas veces los resbalones de las caballerías y disimulaban la pendiente.

Y aunque no se da mucho, como éste hay o había algunos casos de edificaciones que, a partir de la primera planta, ensanchaban su superficie volando sobre la calle y formando una especie de soportales. Es el caso de El Cristo y algunos otros que han desaparecido.

             
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Puente del barranco

Cuentan que desde el puente y a través de las casas iban una especie de soportales asomados al barranco. Luego ese paso se cerró y cada casa tapió su trozo como cuadra o sótano; pueden aún verse los pilares y adivinarse el trazado. Pero lo que más destaca de esta barriada -además de la altura de los edificios- es el puente de piedra que une las dos orillas del barranco del Aido.

Las dos ventanas circulares corresponden a la sacristía de la iglesia; la "nueva", porque la "vieja", con la que convivió muchos años, hace ya tiempo que desapareció; estaba a la vuelta, sobre el comienzo de la calle que va de la panadería a la plaza. El pasaje que se ve bajo la sacristía es "El Cristo". Antiguamente había una lamparilla encendida día y noche. En días de mercado, era un buen sitio para "aparcar" las caballerías atándolas a los maderos, sobre todo si amenazaba lluvia. Y no había que coger ficha; era gratuito.

A la izquierda del puente, las escaleras de piedra llevaban al "Pozo grande", donde las mujeres del barrio lavaban cuando ya no se utilizaba el lavadero municipal y no había llegado aún el agua a las casas. Por ellas bajaban con el balde de ropa en la cabeza y el cajón de lavar apoyado en la cadera. Aparte de lavar aquí ("Barranco de abajo") y en el río, también se lavaba en el llamado "Barranco de arriba", debajo de la Fuente de los caños.

Levantando la vista, aparecen la siluetas de los pajares de "La Virgen".

             
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Desde la calle Mayor

No tenemos la fecha exacta. Los que lo recuerdan dicen que fue "cuando las novenas", porque desde el silencio de la ermita se oía el ruido de los derrumbes. Año 1948. Una de las personas que habitaban en una de las viviendas de la barriada avisó al Ayuntamiento de que en su casa caían del techo trocitos de yeso y tierrilla, como si hubiese movimiento. El Ayuntamiento miró el muro del barranco sobre el que se apoyaban las casas y, viendo el peligro, ordenó evacuar las viviendas. Aquella noche cayó la primera; al final del primer día se habían derrumbado cuatro; pero quedaron en situación de ruina total otras cinco o seis, que hubo que desmontar con urgencia. Esta decena de casas junto a otras tres que ya habían desaparecido en la zona izquierda (una se había quemado y otras dos ya estaban hundidas con anterioridad) son las que faltan en todo el arco que se ve en el dibujo y que unían toda la barriada del puente con las casas que continúan hasta la Placita.

La Calle Mayor (o Calle Ymperial, como reza el rótulo en su comienzo) era hasta entonces tan estrecha y oscura como las demás; lo de "Mayor" sería porque sí que es un poco más larga de lo habitual. A raíz de este suceso, se convirtió en una de las más soleadas.

Una vez que las barrancadas se llevaron los escombros y limpiaron el cauce (hubo su miedo a que pudiesen inundarse las casas anteriores dada la balsa que se formó) se rehizo el muro que bordea la margen derecha. Desde el río y por el cauce del barranco, con narrias y ballartes se subieron piedras y quedó terminada una de las últimas grandes paredes que se recuerdan.

             
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Corrral de Payerne

Cuando el vano era pequeño, se salvaba con una piedra; si era grande -caso de las puertas- había que poner una madera; labrada, para que todo asentase bien. Los corrales son las construcciones más sencillas. Con muy poca altura, tienen como base un cuadrilátero y sus tejados vierten aguas a un solo lado. Como en las zonas en las que están situados puede andar mucho aire, se colocan piedras sobre las tejas -sobre todo las que están en los bordes- para que no se las lleve. Solían ser losas, que tienen su peso y no ofrecen resistencia al viento.

Había corrales y corralizas.

Unas veces se cerraba en el pueblo; pero también se cerraba en los corrales. Muchos tenían dos puertas: la puerta a la solana y la puerta a la umbría. Así el pastor, dependiendo del día o de la época sacaba su rebaño directamente a la zona deseada.

Aunque de algunos no quedan sino las paredes, eran muchos los corrales que había, dado que el número de rebaños también era grande. Sin ánimo de ser exhaustivos, ahí va una lista: Valcárcel, Riarrey, Juan Real, Zorraquín, Cadme, Media legua, Payerne, Peñalamora, Lázaro, Llano, Las Mosqueras, La Campana, Piedras Blancas, Mosatel, Valdrán, Cillas, Yeramaría, Rebollo...

             
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Cuesta arriba

Dos son los tipos de solana que se dan en las casas: la que va a ras de la fachada principal y la que se monta sobre el tejado. El perfil de la casa de la izquierda podría servirnos como ejemplo del segundo caso.

Estamos cerca de la cima de la colina (al fondo, las siluetas de los inevitables pajares que -norte, sur, este y oeste- rodean al pueblo) y podemos ver cómo las calles en pendiente trepan por ella. Cuando la puerta de la casa no puede asomarse directamente a la calle principal, se prepara una entrada que la acerca. El portalón al aire de la casa de la derecha es uno de los dos que quedan en el pueblo: el pie de madera que queda más a la intemperie se apoya en un dado de piedra para evitar la humedad. Piedras labradas más pequeñas que ésa -cilíndricas en ocasiones- y con una oquedad en su parte superior aparecían junto a algunas puertas (de casas o de corrales): servían para echar agua a las gallinas, cuando las gallinas correteaban libremente por calles, terreros y muladares.

Cuando una casa se cae o es desmontada, lo que queda una vez aprovechada la madera y parte de la piedra es un terrero. Los terreros, por desgracia abundantes, conservan la parte más baja de la pared de piedra de la antigua casa (normalmente la imprescindible para que no se derramen los escombros a la calle de abajo) y la tierra de los adobes mezclada con yesones. Árbol típico de los terreros es el nogal, uno de cuyos ejemplares es el que se ve en la parte superior del dibujo.

El mal estado del revoque de yeso de las fachadas y los tabiques de adobe caídos nos permiten ver la estructura de madera: pies, cuartones, soleras y los cabrios en los aleros.

             
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Nevera y ermita

Es la nevera mejor conservada de todas las que hay en La Rioja; y no es la única que hay en el término, aunque sí la más accesible: a 200 metros de la carretera. Está formada por un cubo de piedra que cubre una cúpula también de piedra; sobre ella crece la vegetación. Tiene una abertura al camino de arriba (por ahí introducían la nieve) y una puerta en la parte inferior, para sacarla cuando se necesitaba.

Del edificio que hay al lado de la nevera, ermita conocida como del Sto. Sepulcro en el s. XIX y que en el XX se ha llamada de El Campo, en el verano del 99 sólo quedaban en pie las piedras de los arcos del pórtico. Tras la ermita de la Virgen, era la más espaciosa y cuidada. A su amplio pórtico se unía una nave con banco corrido de obra en ambos laterales. En el altar, las imágenes que eran sacadas en las procesiones de Semana Santa: San Juan Evangelista, a la izquierda; la Magdalena, a la derecha; en el centro, arriba, la imagen de la Dolorosa y debajo, en una hornacina a nivel de la mesa del altar, la imagen del Cristo yacente. Se trataba de una imagen de tamaño natural articulada que, en tiempos, se ponía en una cruz. Debajo de la mesa del altar y oculto durante el año estaba el sepulcro, de madera y cristal.

Durante los domingos de Cuaresma, se subía hasta este ermita rezando el Vía Crucis o "las Cruces"; quedan a lo largo del camino las piedras labradas que marcaban cada una de las estaciones (la segunda era la Cruz de Juanicón, donde queda una réplica en color del original tallado en madera). El día de Viernes Santo, se bajaba en procesión con las cuatro imágenes más otra que se subía desde la iglesia. Cada una de las imágenes tenía sus portadores: San Juan, que pesaba poco, era llevado por los chavales; la Magdalena, de bastante peso, era para los mozos; los adultos bajaban a la Dolorosa y los miembros de la cofradía "del gorro colorao" llevaban el sepulcro; al día siguiente se realizaba dicha procesión en sentido contrario. Y la ermita quedaba sin actividad hasta la Cuaresma siguiente.

             
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Casa de Don Pedro Mazo

Recogemos para este rincón el título de este capítulo de la página.

Piedra en las paredes de las calles, piedra en el empedrado y piedra en la primera planta de las casas. Mampostería habitualmente, puede convertirse en sillarejo o en piedra labrada, dependiendo del lugar o del tipo de casa (a veces en los dinteles, en vez de piedra puede verse el ladrillo, como en la hermosa puerta de la derecha).

La del centro fue de las primeras casas, si no la primera, en las que, al restaurar la fachada, se dejó la madera vista. Tanto chocó que, durante un tiempo, los pequeños -y no pequeños- la bautizaron como "la casita de chocolate". Nos sirve para ver la estructura de madera: pies, solera, cuartones, sopandas. La pared que está volada se apoya en pies exteriores y en zancas. Los maderos se labraban a pie de obra con hacha, tanto el labrado básico como el ornamental en el caso de los aleros. Además su utilización en la estructura de los edificios, la madera era la base de puertas y ventanas. Aunque pudiera verse también en la barandilla de algunos balcones cuando ésta iba a ras de la fachada, lo más habitual en esos casos es el hierro, forjado o fundido.

El adobe puede verse en la ventana y el balcón anulados. También vemos adobe en la pared de la casita del fondo, y, oculto por el yeso, es lo que está en todas las fachadas.

             
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Desde el río

Puente del río, edificio del Ayuntamiento, ermita del Cortijo. Vista general desde el río y tres contrucciones emblemáticas.

Contaban los mayores que les habían contado que el puente del río está a medio pagar. Según la tradición, el cantero levantó el primer ojo, el que pega a la plaza, y cobró la mitad de lo ajustado; luego hizo el resto y en el momento de quitar las cimbrias del arco del segundo ojo sonó una especie de crujido. Pensando que se iba a venir abajo, aquella noche desapareció sin despedirse de nadie y sin cobrar. Y no volvió. El crujido sería de asentamiento, porque el puente sigue bien firme. Leyenda o historia, alguien con tiempo podría intentar documentarlo.

El edificio del Ayuntamiento en la plaza es, tal como figura en el documento de fundación de las escuelas (además del Ayuntamiento en estuvieron en él las escuelas hasta que se cerraron) un hermoso, sólido y capaz edificio "que á costa del caudal del difunto D. Juan Esteban de Elías se ha construído de nuevo con este objeto en dicha Villa, conforme al plano aprobado por la Real Academia de San Fernando, en el cual además de las salas espaciosas destinadas para las lecciones de niños y niñas, con absoluta separación é independencia la una de la otra, hay también habitaciones cómodas é independientes para dos maestros y una maestra." El 1 de marzo de 1824 fue el primer día "de escuela"; el último, un día cualquiera del mes de junio de 1979. Siglo y medio formando a las generaciones más jóvenes (y no tan jóvenes en la escuela de adultos que, en periodos concretos, funcionó en horario nocturno).

Y en la ermita de la Virgen del Cortijo, los olmos de la tradición, que nacen en el muro y cuyas raíces llegaban hasta la zona del altar. La enfermedad que barrió este tipo de árboles hace unos años, pudo también con ellos. Actualmente hay algunos brotes que intentan crecer. La espadaña añade altura a la colina y la remata. En el "cordal", buscando el cierzo suave del verano, pajares.

             
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Fuente de los caños

La fuente de los caños y el puente que la une al pueblo fueron restaurados en el año 2009 e incluidos dentro de uno los paseos turísticos por la localidad. Al mismo tiempo se preparó el llamado Camino del carro, que une este rincón con los huertos de San Antón. Muy accesible, es un rincón que merece la pena visitar.

Lo que en la página del Gobierno de la Rioja se dice de ella es que se trata de una "Fuente situada en una construcción de mampostería con dos estribos en los laterales que sostienen un arco de medio punto y pequeña bóveda de cañón bajo la cual cae el agua a través de tres caños. Es la fuente más antigua del municipio y obra del siglo XIII, con posteriores reformas en el s. XVI-XVII".

Aparte del pequeño pilón bajo los caños donde se colocaban los cántaros, a la izquierda posee otro pilón para abrevadero de ganados y -fundamentalmente- caballerías cuando salían o volvían del campo. El estrecho puente salva el barranco de los Aidos, en cuyos pozos -aguas abajo- lavaban las mujeres hasta la llegada del agua a las casas en los años sesenta del siglo pasado.

             
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Barranco y casas

Los edificios bajan hasta el mismo lecho del barranco y a ambas márgenes. En algunos casos, lo de la puerta a la calle de abajo se convierte aquí en puerta al barranco.

Generosos aleros protegen del agua las altas fachadas; y también las solanas con balaustradas de madera. A media fachada, los tubos de los desagües que van directos al cauce, aunque en el año del dibujo ya estaban fuera de uso. Como algunos de los antiguos hornos, también había servicios -con una breve ventana- que colgaban de la pared, mantenidos por dos pequeñas zancas. ¿Fueron añadidos a la construcción principal? Probablemente, y no necesitaron al principio desagüe; el barranco estaba muy cerca. Actualmente esta zona está cubierta por un aparcamiento.

De la calle Marqués de Vallejo nacen las "Escaleritas", escalinata en piedra que conduce hasta el pórtico de la iglesia y que se construyó "a expensas" de dicho marqués en 1832.

Y al fondo, como casi siempre, los pajares de las eras. En este caso las de "Las Perdices".

             
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San Babilés

Pueblo de ermitas era Soto. Actualmente sólo una permanece activa, y quedan en pie -más o menos- otros tres edificios, aunque previsiblemente por poco tiempo.

Hasta el primer tercio del siglo XX había tres dentro de la población: la que queda, Ntra. Sra. de Rosario (situada en la carretera?) y San Blas (debajo de la carretera a la entrada al pueblo, su edificio -no utilizado como ermita hacía muchos años ya- fue derribado en el año 1998). El resto estaba situado en los diversos caminos que unían Soto con las poblaciones de las alturas: El Campo, en el camino de Luezas; San Martín, en el camino de Trevijano; San Antón, en el camino de Treguajantes; y la que nos ocupa: San Babilés. Estratégicamente colocada en un cruce de caminos (el de Treguajantes y el de la Solana, que llevaba a las Alpujarras), su pórtico -rasgo típico de todo este segundo grupo de ermitas- podía dar cobijo a viajeros y caballerías cuando eran sorprendidos por una tormenta.

Si exceptuamos la ermita de la Virgen y la de El Campo, el resto sólo tenía actividad un día al año, el día del santo al que estaba dedicada. La fiesta de San Babilés se celebraba el día 24 de enero; apenas nadie subía hasta allí, pero el que lo hacía llevaba con él su bollo caliente de pan con chorizo que se agradecía. También se subía en las llamadas rogativas, allá por mayo. En este caso aún acudían menos personas.

Construcciones de piedra, iban revestidas de yeso por dentro y, en algunos casos, en parte de la fachada. Puede verse, en el pórtico, la función del corvo y los cabrios para sostener la cubierta.

             
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La Placita

Que una superficie de no más de 50 metros cuadrados y además en pendiente tuviese su flamante rótulo de "Plaza del Moralejo" no deja de chocar a quien no conozca la fisonomía de esta población. Fue el centro del pueblo hasta que éste decidió bajarse hacia el río y pasar a la carretera. Era una especie de rotonda antigua para distribuir la circulación: cuatro -casi cinco- calles entran en ella.

También en la del dibujo entran o salen cuatro calles. Por eso que el Moralejo tuviese el nombre de plaza y que ésta se quedase en "Placita" sólo puede entenderse porque es posterior y se encuentra al lado de la plaza de Soto por antonomasia. Pero no nos pareció tan pequeña cuando en el año 1958 se inauguró el teléfono y nos pusieron a ambos lados a los chavales con banderitas -la época lo requería- para recibir al Gobernador y al Obispo.

La fachada de la casa es, probablemente, la más barroca de todas las que puedan verse en Soto, al menos entre las antiguas. Destacan, aparte de las molduras y las barandillas circulares de los balcones, las ventanas bajo el alero y las columnas adosadas que recorren la fachada.

Sobre el tejado de la casa de la derecha se adivina la tronera, por la que se sale a los tejados cuando es necesario realizar algún arreglo.